miércoles, 9 de febrero de 2022

Una mala noche

 Te persigo
estirando mis brazos
imaginando que te alcanzo
y que por fin se cumple un sueño
que alimento con recuerdos.

Pero quién sabrá
la diferencia
entre los sueños
y las pesadillas... 

Ahora mis recuerdos
descansan en paz 
y mientras,
la vida 
continúa. 

jueves, 28 de octubre de 2021

Arreglos


Vino con las alas rotas
y desplumadas;
la ropa oscura,
sucia,
y la voz quebrada.
 
No tenían fondo
-sus ojos-
las manos despellejadas.
 
Así vino mi ángel de la guarda,
a arreglar mis uñas rotas
antes que sus huesos partidos.
 
Mi cordura antes que su locura
-y viceversa-.
 
Lo consiguió y
me fui;

a menudo entendemos tarde
que el dolor está más vivo
que la calma.

Yo aún buscaba ahogarme
-un ratito más-
en el fondo de mis torpezas
y así,
cuando alguien me sacara
mojada con mi propia sangre,
poder seguir sintiéndome viva.


Ser feliz está sobrevalorado.

sábado, 17 de julio de 2021

libertad de espirar

Mira cómo resiste el ardor de su garganta;
se mece suavemente
suspendida en el aire,
colgada sobre sus propias manos por cadenas,
se mueve como un cuerpo inerte colgando
sacudida por el viento que apenas sopla

                             […] 
 
mira cómo zarandea los barrotes de la jaula:
está gritando con el pequeño hilo de voz que le queda,
quiere salir a devorar todo lo que se cruce en su camino;

                             […] 

mira cómo aguanta sin ahogarse bajo el agua en el que la sumergiste;
se deja arrastrar por la corriente
con los ojos abiertos y escocidos,
sin respirar;
sin morir -aunque a veces quiera-

                              […] 

mira cómo resiste el bloqueo de su garganta:
es tu espíritu más salvaje,
que arde por ser libre
de una vez.


O le liberas
o le pega fuego a tus entrañas. 

viernes, 29 de mayo de 2020

asomar la cabeza

Aquel profesor de literatura 
que enroscó el cabezal
de una bombilla desubicada
-jovencita y peligrosa-
en un pupitre de instituto,
cansada de golpear 
su masa gris,
tanto tiempo,
contra la muchedumbre
de su ecosistema. 

Benditas galaxias
que lo adornaban. 

Malditos mundanos
apagándolo. 

jueves, 30 de abril de 2020

la guerra de las musas

Robarme mis musas,
el grito más cobarde 
de declararle la guerra 
a la poesía.

[...]

Te llevaste
lo más importante de mí:
lo único
que no pude reinventar 
tras tu marcha. 

Te fuiste y mi vida se quebró;
te fuiste,
y mi vida cobró sentido. 

Mi pena se convirtió en lucha:
los llantos en cuadros;
la rabia, 
en versos.

Tu cobardía destrozó mi universo 
y después, 
me presentó a una mujer
extraordinaria. 

Todo el olvido 
fue sencillamente,
olvido y
las pesadillas se deshicieron 
con el paso de algunas copas de vino
que me brindaba 
una mujer preciosa 
en el espejo. 

Me hiciste mejor persona
a pesar de tres años
de angustia,
poesía triste 
y espejismos. 

Una deuda
que no puede ser agradecida:

te llevaste lo mejor de la noche,
lo que no depende de mí,
lo único
que no he podido reinventar.  

Te fuiste
y mis musas
corrieron detrás de ti; 
me arrebataste 
mi único instrumento
para registrar
en la posteridad
tu gloria
y tu olvido. 

Todos mis libros 
nacerían de tu recuerdo;
llevarían tu nombre escrito
bajo cada palabra,
cada verso,
y página. 

Ahora mi voz
tiene un micrófono
que llevará el desastre
a cada rincón
en el que duermas. 

Cada esquina 
en la que respires,
y lugar
en el que habites. 


<Me robaste a mis musas
y me declaraste la guerra >

lunes, 30 de marzo de 2020

peligro, amigo

El lobo bueno siempre es el que te rescata
de las magulladuras de una manada.
Un lobo solitario, tu ángel de la guarda.

Sabes que te protege,
que es tu hogar;

 de los tuyos.


Pero siempre piensas en todos aquellos lobos;
furiosos;
desgarrando cada una de tus piezas
con sus colmillos.

Devorándote.


También sabes que ahí
reside el peligro;
es el elemento del que huir.

Si te quedas no sobrevives.

(...)

Ya lo ves:
un lobo bueno,
frente a una manada.

Cómo resistirse.

Dímelo tú. 




lunes, 4 de marzo de 2019

lágrimas negras

Si me soltaras las manos de la garganta,
por un segundo;
si dejases de apretar con todas tus fuerzas
y me soltases;
si no estuviese suspendida en el aire,
colgada de mi propio cuello
por tu ego;
si cayese al suelo por fin, 
y tocase el mármol con mis manos,
aunque me hiciera daño
o me saliesen moratones del golpe,
sólo si me dejases sentir otro dolor distinto
al tuyo,
sólo por un segundo 

-ese segundo
en el que aflojas tus manos
de mi asfixie,
dejas caer mi cuerpo 
y sólo en ese lapso, 
reaccionaras-
te juro,
que te daría tiempo a llorar 
hasta en  color negro
mientras te das cuenta
de que tu intento
en matar a mis monstruos, 
te ha convertido en el peor de ellos.

Y ahora no te reconoces,
y nadie podrá devolverte a tu inocencia
porque todos te tienen miedo y,
yo,
que puedo ver en tu interior 
la alegría de un niño sin malicia,
me estoy ahogando.

Y no vas a salvarme. 

domingo, 27 de enero de 2019

el espíritu de lo que nunca fuimos


Y yo, 
que sueño con caer
desde un acantilado
cada vez que cierro los ojos;

que deseo sumergirme
para tener cara a cara
a un tiburón
que me paralice la sangre;

que sólo dejo caer la cabeza
vencida
cuando el miedo me cubre hasta las orejas;

que me dejo ganar
por la frustración de un alma derrotada
con un corazón negro entre sus manos
que no sabe qué hacer con él:
que pesa como tres diablos
encerrados en un pequeño espacio;

que bombea sangre irregular;
que se mueve a ritmo
de huida,
de caer al suelo,
de estallar como una bomba,

que sigo aquí,
sujetando un corazón lleno de rabia,
con las puntas de mis dedos ennegrecidas
mientras camino
por un campo de minas
que explotan todos los días 
sobre mi espalda.

Susurrándote bajo el agua
para callar la redundancia de tus palabras;
creyéndome la sirena
que te salvaría la vida para,
al final,
convertirme en otro corazón roto,
que vaga como un fantasma
sobre los descosidos
de tus costuras mal dadas y, 
tú,
mientras eres salvado,
huyes;
dejándome sola
entre la vida y la muerte.



 Y ambos sabemos qué voy a elegir. 


sábado, 6 de octubre de 2018

anexo


Una vez
me estampé de morros
contra el pecho del diablo
y me quedé
creyendo que su mal
sanaría todos los míos,
y a esa voracidad mía
de escribirte
con una rabia ficticia
que me invento
sólo para creerme más fuerte
cuando, en realidad
soy una sirena
que ya ha sacrificado su voz
por un beso en tierra firme.

Pero un día me dijiste
que tener mi cuerpo en tus manos
era lo más bonito
que te había pasado en la vida,
y desde eso,
mis planes de huida están en pausa,
igual que todos los versos
que escribía para olvidarte
-o hacerme creer que lo hacía-
porque aunque duela,
el reencuentro de nuestras pieles
me ha devuelto a la vida y,
ahora,
ocupa todos mis pensamientos
-que ya no quieren escribir-
y yo
mientras,
me refugio en las palabras;

esas
que sólo entienden
mi manera de quererte;
y las mismas
que nunca hacen justicia
a tu carcajada
de dientes impecables y...

Me inspiras
y me bloqueas o,
para que me entiendas;
me revuelves
el instinto suicida
mientras me devuelves
a la vida.

martes, 11 de septiembre de 2018

-al no saber o sabiendo-

Terciopelo
al besar la carnosidad de tus labios;
mullidos
cálidos
abrasivos para mi pecho;
ácido corrosivo
que quema los pánicos del pasado;
y los de ahora,
mañana
y siempre. 

El escozor
de rozar una herida
en carne viva;
doloroso primero,
curativo al final. 
Como si el veneno inundase
una garganta irritada 
por ahogarse de llorar
teniendo atadas las manos -y el alma
y cada resquicio
de tu cuerpo- al pasado. 

Benditos fantasmas 
que te zarandean
mientras amas
con esa intensidad
que solo te hunde el pecho
una vez en la vida.

Maldita ostia contra el olvido
cuando se va
esa estrella fugaz 
con sabor a hogar; 
  […]     
golpes de soledad
-o impotencia o abandono- 
al no saber 
o sabiendo, 
que hay trenes que pasan una vez
y que tú, 
ya pasaste a trescientos
descarrilando todos tus vagones
sobre mi cuerpo.
Inmóvil y derrotado.

Creyéndome muerta
hasta abrir los ojos
y repetir el mismo patrón;

ese
sin otro sustento
que no sea el instinto natural,
de volver siempre
a cubrir mis recuerdos
con el olor de tu barba;
densa y mía.