viernes, 29 de junio de 2018

LXXVI

Setenta y seis noches
apretando los ojos
y sacudiendo de recuerdos
-quién sabe si buenos-
a mi cabeza;
imaginándome
tan pequeñita
y tan vulnerable
a tu lado,
tan protegida;
en esa cama del hueco en el centro
que de lo único
que (nos) servía
era para juntar nuestros oxígenos
en una sonata
para piano.

Setenta y siete días
apretando los dientes
para sangrarme alguna encía
y saborear, así
tu pérdida
y mi derrota
-que en este caso
viene a ser lo mismo-;
saborear, así también
la nulidad de mis instintos
más naturales;
la voluntad de mis pálpitos
-que ya son sólo los últimos soplos
de un corazón roto-,
como dice esa canción
que una vez sonó
en el coche de nuestras huidas. 

Y ya no sé
en cuántas horas traspasar
todos esos días
si desde entonces,
mi conciencia sólo trabaja
con una rabia
que tiene más de un talón de Aquiles.

Qué poco valor
tendrá últimamente
el tiempo,
para mí,
si en mi cabeza
aún son las siete de la tarde
de un trece de abril
con el billete sellado para no volver nunca
a lo que ayer
-un ayer en mi cabeza,
y no ahora-
daba sentido a mi vida.
A lo que ayer
ponía a prueba a mis instintos
-sabiendo que siempre iban a perder-;
a mi rabia más incontenida;
a las musas de mi cabeza
-con rizos y cara de hombre-,
al salvavidas de hacerme vieja,
y al sabor del dulce.
De leche.

Con un poco de caramelo,
y dos cucharillas;
por favor.

domingo, 17 de junio de 2018

sobre cómo lo dejaste todo


Como una moneda
lanzada al aire:
dos caras
y una enorme incertidumbre
sobre la caída,
siempre tan lenta.

Tan difícil
perdonarte...
Porque hacía ya tiempo que...
bueno, porque hacía ya tiempo.

No te juzgues;
no era
tu forma de encandilarme,
sino mi amarga debilidad
por ese corazón tuyo
tan tosco,
que tanto decía
sin apenas
una
sola
palabra.

Sin apenas
una mirada
a unos ojos correspondidos
que gritaban socorro
en un mar sin flotador,
mientras tú olvidabas
que podías volver a casa
incluso
con las manos vacías;
o llenas de barro
o decrepitud,
siempre y cuando hubieras vuelto.

Yo me sentía
la traductora
de tus torpezas,
esas que destruían,
que arrollaban
y que vencían
a todo aquel a quien querías;
a todo aquel a quien amases.

A mí.

Pero más aún
a tus ganas de odiarte.

Y a las de no volver a casa.

miércoles, 30 de mayo de 2018

aliquis letalis


Lo cierto es
que tenías razón.
Igual que al meter la mano
y arrancarme el corazón
                         [todo eso dejó de ser sano.
También es cierto
que sin tapujos
dudaste de mi lealtad,
y me cambiaste por lujos.
Pero presta atención,
porque me conoces, y ya sabes
lo difícil que es soplar
y hacerme desvanecer.

Si aun así lo consigues,
te felicito:
has hecho más fuerte
a alguien
que ya era letal.

domingo, 6 de mayo de 2018

sobre tus condiciones de huida


Si te vas
hazlo cuando deje de bailar descalza,
de correr a ciegas en tacones
de abrazarte a bocajarro
de pintar tu alma en las paredes;
de colorines.

Cuando deje
de huir de las moscas que se cuelan en casa,
-en busca de tu refugio-
de calentarte las manos en invierno
y más aún las noches de todas las estaciones.

Cuando ya no te mire con mis ojos de te quiero
ni te bese los malos días con buena cara
ni los domingos con más ganas de vivir que de dormir.

Cuando mis cuadros sean en blanco y en negro,
cuando 
y cuando tus poemas dejen de emocionarme – con lo poco que soy yo de llorar-,
amor.

Hazlo por todo eso,
y lo que se te ocurra.

Pero nunca,
nunca te vayas por estar en desacuerdo con mi pasado,
por no aprobarlo.
Si lo haces
vete tan lejos que me asegures no volver,
jamás;
los llantos tienen los días contados y,
al mío, amor
al mío ya no le quedan telediarios.

domingo, 29 de abril de 2018

fidem frangere

Las cosas que aprende uno mismo penetran más en el subconsciente que nada de lo que te enseñan. Como que los artistas funcionan de noche, que es por personas a quienes queremos por las que nos convertimos en aquello en lo que antes afirmábamos no convertirnos nunca, que quien te quiere te hará llorar, que hasta el rey se baja los pantalones si el médico se lo requiere...

O que siempre escribimos al ritmo de esa canción que nos raja el alma.

El sentimiento de culpa, la mala conciencia, la inquietud y las ansias, la capacidad que tiene el miedo para manipularnos, la impotencia, la vergüenza...

Y el calor de los abrazos de papá...

martes, 27 de marzo de 2018

ambulatis in litore

Hacía tirabuzones en el aire como si aquello fuera lo único que daba sentido a su vida. Todas las mañanas se bañaba en el lago e iba desnuda a bailar al viejo garaje de su padre. Tenía una vida melancólica y solitaria. Admirable -aunque sólo a ojos de quien quería ser como ella-. Por tragedias diversas cambió de ciudad, y ella sola se inundó de monotonías que al principio la irritaban; pero luego comenzaría a darle igual...

Lo que se ve ahora, de lejos, es una mujer entrada en años, paseando en silencio por una playa vacía. Cogiendo conchas que le recordaban a cuando hacía dibujitos con ellas en la espalda de cualquier amor joven. Pero sólo recuerda a uno. Sólo al que eliminó su monotonía. Sólo al que le devolvió sus ganas de romper con el mundo y dedicarse a sí misma, ese que dejó la vida junto con sus ganas de vivirla...


lunes, 1 de enero de 2018

La persistencia de la memoria

En el cuadro de Dalí
se derriten los relojes
porque el calor puede con el tiempo.

Las agujas se detienen
porque también el frío puede con las horas.

Tú, mientras,
escribes sobre tiempos
y el tiempo discute con el otro tiempo.

El mío, mientras,
se desespera.

Por que le quites el frío.

Tú.

domingo, 17 de diciembre de 2017

ahora

A veces el remedio es peor que la enfermedad. Eso se ha dicho siempre, para cualquier cosa. Creo que la frase está mal expresada. Muchas veces se quiere vivir en la enfermedad -y ya no hablo de enfermedades, sino de otras situaciones-, por miedo a catar el remedio.

A veces no hay remedio porque da miedo dejar a la enfermedad. Así tendría que decirse -y ya no hablo de enfermedades ni de situaciones, sino de personas-. Personas bonitas que en el fondo, son por dentro una rosa llena de espinas.Y las sacan con tanta facilidad...
Hasta cuando te hacen daño con ellas, sigues pensando que la sangre sólo es un daño colateral, por tratar con una flor tan bonita... 
El precio a pagar, esa es la frase con la que te mentalizas. Pero ya son tantos los pinchazos, que uno por uno no duele, pero has entrado en la espiral de pequeñas heridas infinitas, y sólo ahí te decides a cambiar las cosas. A aplicarle un remedio a la enfermedad, o sea, a coger algo con lo que cortar las espinas. Pero como te toque una flor rebelde, una flor cabezona y orgullosa... Al final no sabes cómo, pero te consigue clavar las tijeras a tí. Conservando todas sus espinas y acabando contigo. 

Y al final sí que fue peor el remedio que la enfermedad. 

lunes, 27 de noviembre de 2017

ferro pellis

Ya era hora de arrancarse la piel de acero
y moverse por latidos.
Que la sangre 
no es más que sangre
si el corazón late por inercia,
y no por amor. 

lunes, 30 de octubre de 2017

Tira, afloja. Levanta.

El tira y afloja del juego de niños, con su ardor en las manos por apretar con fuerza y ganas el cordón desgastado. Esa tensión en los nudillos y en la mente; ese "quién ganará". Y más que ganadores, quienes perderán. Cuánto será el daño al caer al suelo. Si se curará. Si alguien te ayudará a levantarte. Si te preguntarán cómo estás. Si tendrás ganas de revancha, con miedo a perder de nuevo. Con miedo a que esto, más que un juego, sea la rutina que te persigue. Tus ansias por ganar al maldito juego, algún día. O tus ganas de que deje de existir.

Pero tu enorme miedo a cambiar de juego...