domingo, 17 de junio de 2018

sobre cómo lo dejaste todo


Como una moneda
lanzada al aire:
dos caras
y una enorme incertidumbre
sobre la caída,
siempre tan lenta.

Tan difícil
perdonarte...
Porque hacía ya tiempo que...
bueno, porque hacía ya tiempo.

No te juzgues;
no era
tu forma de encandilarme,
sino mi amarga debilidad
por ese corazón tuyo
tan tosco,
que tanto decía
sin apenas
una
sola
palabra.

Sin apenas
una mirada
a unos ojos correspondidos
que gritaban socorro
en un mar sin flotador,
mientras tú olvidabas
que podías volver a casa
incluso
con las manos vacías;
o llenas de barro
o decrepitud,
siempre y cuando hubieras vuelto.

Yo me sentía
la traductora
de tus torpezas,
esas que destruían,
que arrollaban
y que vencían
a todo aquel a quien querías;
a todo aquel a quien amases.

A mí.

Pero más aún
a tus ganas de odiarte.

Y a las de no volver a casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario