Hay cuatro llamadas perdidas en el buzón y no quiero atender ninguna. Muchos trances que sostener y muy poco margen para defender. Un familiar que te hunde la vida, dos amigas que pierden su título por irresponsables, una pareja que ya no ayuda, otro familiar que lo pone difícil, un trabajo que asfixia, una casa que se sostiene por obra divina o eso te parece. Hace mucho que no sabes cómo tu vida se sujeta. Es tan grande el poder de la mente, que disociarte es tu talento innato y así es como salvaguardas el sueño, que es lo único que te queda. Si duermes bien, todo está bien. Otro consuelo.
Eres otra. Nadie diría que en pocos años puede cambiar tanto la vida. Todo es más difícil cuando debería ser más fácil, pero tú cada vez eres más dura cuando deberías ser más blanda. Por desgaste y ese tipo de lógicas, claro. Es curioso y muy tentador de estudiar; cuando creemos estar al borde y al llegar vemos que solo ha empezado, que caben muchas más cosas de las que hubieras creído que podrías mantener. La sonrisa y los aires de que todo va bien, vienen solos. No aprecias ni siquiera el esfuerzo porque no te das cuenta. Estás demasiado ocupada disimulando no caerte que no prestas atención a que has conseguido disimular de verdad. Cualquiera diría que lo haces todo muy fácil. Cuando nadie sabe. Nadie sabe qué te llevas a la cama y qué te despierta entre temblores. Nadie puede imaginar, cada uno tiene lo suyo. Nadie sabe, nadie sabe...
Es mejor así. ¿No?
Si alguien supiera... ¿tendería su mano o miraría a otro lado, que es menos complicado? Si tendiera la mano, ¿sería firme o se doblaría como el papel? Si no lo hiciera, ¿dormiría por las noches?
Prefiero no saber la respuesta...
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